International Journal of Research and Innovations 1(1) 2025
alta complejidad que involucra múltiples procesos simultáneos.
Desde modelos interactivos de lectura, se reconoce que el lector
debe integrar información léxica, sintáctica y semántica, activar
conocimientos previos y monitorear su comprensión de manera
constante (Grabe & Stoller, 2011). Como bien señala Bernhardt
(2011), a diferencia de la lectura en la lengua materna, la lectura en
una lengua extranjera exige un mayor esfuerzo cognitivo debido a la
menor automatización de los procesos lingüísticos. Esta mayor
demanda incrementa la carga cognitiva, especialmente cuando el
lector se enfrenta a textos académicos con vocabulario especializado
o estructuras complejas.
En contextos universitarios, la lectura en inglés suele estar asociada
a objetivos evaluativos, lo que añade presión emocional al proceso.
Cuando los estudiantes perciben que sus recursos lingüísticos son
insuficientes para comprender el texto, pueden experimentar
frustración, inseguridad y pérdida de control, factores que afectan
negativamente la calidad de la comprensión lectora.
La ansiedad lectora ha sido conceptualizada como una
manifestación específica de la ansiedad en el aprendizaje de lenguas
extranjeras. Saito, Horwitz y Garza (1999) desarrollaron la Foreign
Language Reading Anxiety Scale (FLRAS), argumentando que la
lectura en lengua extranjera genera formas particulares de ansiedad
distintas de aquellas asociadas a la producción oral.
Estudios empíricos han identificado diversos factores que
contribuyen a la ansiedad lectora, entre ellos: el vocabulario
desconocido, la complejidad sintáctica, la falta de estrategias
lectoras, experiencias previas negativas y la anticipación de
evaluación. Zhao et al. (2013) destacan que la ansiedad lectora
puede provocar conductas de evitación, lectura superficial y menor
uso de estrategias metacognitivas.
En el aprendizaje del inglés como lengua extranjera, la ansiedad
lectora no solo afecta la comprensión del texto, sino también la
motivación y la disposición del estudiante hacia actividades
académicas que requieren lectura en inglés. Esto resulta
especialmente relevante en educación superior, donde la lectura
académica constituye una herramienta central para el aprendizaje
disciplinar.
La regulación emocional se refiere a los procesos mediante los
cuales los individuos influyen en la intensidad, duración y expresión
de sus emociones (Gross, 1998). En el ámbito educativo, la
capacidad de regular las emociones se ha vinculado con mejores
niveles de concentración, persistencia y adaptación ante tareas
exigentes. Así, Gross (2015) distingue entre estrategias de
regulación emocional antecedentes, que actúan antes de que la
emoción se intensifique, y estrategias de respuesta, que actúan una
vez que la emoción ya está presente. En contextos académicos, las
estrategias antecedentes resultan particularmente relevantes, ya que
permiten prevenir estados de ansiedad intensa antes de enfrentar
tareas cognitivamente demandantes.
Investigaciones en psicología educativa han mostrado que
estudiantes universitarios con mayores habilidades de regulación
emocional presentan un mejor ajuste académico y menor
vulnerabilidad al estrés. En el aprendizaje de lenguas extranjeras,
estas habilidades permiten afrontar la incertidumbre lingüística y la
ambigüedad sin respuestas emocionales desadaptativas.
El mindfulness ha sido definido por Kabat-Zinn (2003) como la
conciencia que surge al prestar atención de manera intencional al
momento presente, con una actitud de aceptación y sin juicio.
Aunque su origen se encuentra en tradiciones contemplativas, el
mindfulness ha sido adaptado y validado en contextos clínicos,
psicológicos y educativos.
Desde un enfoque psicológico, Shapiro et al. (2006) proponen que el
mindfulness actúa a través de mecanismos como la autorregulación
de la atención, la conciencia corporal y la reorientación cognitiva,
los cuales facilitan una relación más flexible con pensamientos y
emociones.
En educación superior, las intervenciones basadas en mindfulness
han mostrado efectos positivos moderados en la reducción del
estrés, la ansiedad y el agotamiento académico. Meta-análisis
recientes indican que estas intervenciones pueden mejorar la
atención sostenida y el bienestar emocional de los estudiantes,
aunque los resultados dependen del diseño, duración y contexto de
aplicación.
En otras palabras, esto ha sido reconocido en las últimas décadas
como una estrategia efectiva para mejorar la atención, la
autorregulación emocional y el aprendizaje significativo en
contextos educativos ya que no solo reduce los niveles de estrés y
ansiedad, sino que también promueve una activación equilibrada de
los neurotransmisores asociados con el bienestar y la motivación,
entre ellos la dopamina y la serotonina (Davidson & Lutz, 2008;
Tang et al., 2015).
De igual manera cabe destacar que la dopamina, conocida como el
neurotransmisor de la motivación y la recompensa, desempeña un
papel crucial en los procesos de atención, memoria y aprendizaje.
Cuando una persona se involucra en una tarea con plena conciencia
como la lectura reflexiva, la dopamina se libera de forma moderada
y constante, favoreciendo la concentración y la sensación de placer
intrínseco por el aprendizaje, sin depender exclusivamente de
recompensas externas. En este sentido, permite mantener un
equilibrio dopaminérgico que estimula la motivación sostenida y la
satisfacción interna al lograr metas cognitivas.
De igual manera, la serotonina está relacionada con la estabilidad
emocional, la calma y la regulación del estado de ánimo. La práctica
de mindfulness a través de la respiración consciente y la observación
sin juicio estimula las regiones cerebrales que promueven la
liberación de serotonina, lo que genera un estado de serenidad,
disminuye la reactividad emocional y facilita la concentración
durante el proceso lector. Un aumento en los niveles de serotonina
se asocia con una mente más estable y abierta, condiciones
necesarias para el aprendizaje profundo y reflexivo.
En suma, la evidencia neurobiológica indica que el mindfulness
activa redes neuronales vinculadas con la atención ejecutiva, la
memoria de trabajo y la regulación emocional. Esta activación
constante favorece la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del
cerebro para reorganizarse y generar nuevas conexiones sinápticas.
En consecuencia, la práctica de la lectura reflexiva basada en
mindfulness no solo impacta en la reducción del estrés, sino que
también fortalece los circuitos neuronales implicados en la
comprensión lectora, el pensamiento crítico y el aprendizaje
autónomo.
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